domingo, 12 de noviembre de 2023

Los narcisos del otoño

 “Todo lo que veo es pleno, abundante. Soy la superficie del agua con la que juega el viento; soy pétalo, pluma, piedra”. 

Una temporada en Tinker Creek, Annie Dillard.

Los días se acortaban y tras las escasas lluvias, salió el sol. Brillaba con potencia en el cielo azul. Pocas eran las nubes y ninguna de ellas me ofreció el alivio de su sombra en Sierra Carbonera. El viento era fresco, anunciaba el invierno. 

A lo largo de mi paseo pude ver dos cuervos. Pasaron muy cerca, volando bajo y escuché perfectamente el sonido del batir de alas. Todo un espectáculo. No es común verlos por estas tierras. También una bandada de jilgueros me pasó cerca con sus cantos agitados. 

Crecen los nuevos espárragos, y los narcisos se abren en Sierra Carbonera. Varios tipos de narcisos habitan la sierra, pero esos días están por todas partes los narcisos de otoño (Narcissus serotinus L.). Salen de un bulbo. De un delicado tallo brotan las flores, dos o tres como mucho. De pétalos blancos y con los lóbulos soldados a la base anaranjados. Las hojas están ausentes durante la floración, crecerán una vez que las flores hayan desaparecido. 

Estas humildes plantas, han aprovechado los días de lluvia para cubrir con sus flores los pastizales azotados por el viento. Estaban por todas partes. Aunque tienen poca altura el viento balanceaba las flores lo que dificultó la realización de las fotografías.

Como su nombre indica son plantas del otoño y su período de floración se da entre septiembre y noviembre. En la península ibérica florecen en la zonas mediterráneas.

El blanco se abre paso en la sierra en estos primeros días frescos del año, tras las primeras lluvias otoñales. Se reverdecen los pastos y matorrales. Bandadas de aves aprovechan el calmo y soleado día para completar la migración. Unos van, otros vienen. Unas flores abren y otras esperan el paso del invierno. Seres efímeros, que se suceden en las estaciones. Somos perpetuo cambio. 



domingo, 22 de octubre de 2023

Los colores del Otoño: Colchicum lusitanum Brot

 “Nuestra vida es una tenue traza sobre la superficie del misterio, como los túneles improductivos y sinuosos de los insectos minadores en la superficie de las hojas. Tenemos que ampliar las miras de algún modo para abarcar todo el paisaje, para verlo de verdad y describir qué está ocurriendo. Entonces podremos al menos lanzar entre lamentos la pregunta apropiada a esa faja de oscuridad o, llegado el caso, corear las alabanzas adecuadas”.

Una temporada en Tinker Creek, Annie Dillard. 



Tras un caluroso verano, días de imperio del sol, las nubes comienzan a oscurecer, grises, azuladas, anunciando las primeras lluvias, a la vez que se acortan los días. En octubre los temporales de viento azotan estas tierras costeras: temporales marinos, olas encrespadas y gaviotas arrastradas por el viento sin dirección aparente. Es como si tan sólo se esforzaran por mantenerse en vuelo, las alas desplegadas, sobre el horizonte. 

Los días de temporal la Sierra Carbonera se convierte en una zona especialmente sonora, arbustos bajos que entrechocan, espinos secos agitados desprendiendo sus tallos, hojarasca volátil, y el silbido del viento entre los cables y antenas de luz. Más allá, el oleaje como un rumor perpetuo.  



Aunque ha llovido y hay algunos charcos, todavía no hay casi ninguna planta verde. Todo sigue seco, aunque el torvisco y los brezo florecen. De forma muy dispersa ya pueden encontrarse las flores moradas del llamado vulgarmente falso azafrán:
Colchicum lusitanum Brot. Un toque de color en la arena arcillosa, entre las rocas y el barro, florecen estas pequeñas flores. Sin hojas, pues las produce en primavera, proporcionan una gran belleza al desolado paisaje devastado por el sol de los días del verano. 

Se trata de una planta bulbosa que se mantiene bajo tierra siempre viva y latente, que como he dicho produce sus hojas en la primavera y sus flores entre septiembre y noviembre. Estas flores que he fotografiado estaban en la parte más alta de las Sierra, que tiene una altitud de 311 metros, en una zona rocosa muy expuesta a los fuertes vientos, aunque ni un pétalo había perdido. Flores bellas y duras, procedentes de lo profundo de la tierra que se abren al otoño serrano. 





domingo, 16 de abril de 2023

La bella atracción: Ophrys speculum

 


Una vida entera y en esto se resume todo:

belleza y terror. 

Mary Oliver, La escritura indómita



La naturaleza, este mundo que habitamos, es una totalidad. Engloba la maternidad y la muerte, la belleza y la fealdad, lo terrible y lo admirable. Los seres que lo habitamos somos hálitos breves, respiraciones, dibujos en el aire, ahora tangibles (de barro y agua), ahora fantasmas (compost, cenizas, germen quizás, así nos gusta creer, deseamos creer).


La primavera ha llegado a la Sierra de Grazalema, pero de forma inusual me parece. Porque no he andado mucho tiempo por estos montes y carezco de la perspectiva histórica necesaria para asegurarlo. Pero es la zona de España con más alta pluviometría y en estos días que he pisado la sierra estaba todo seco. No ha caído una gota en semanas y hacía un calor más propio del verano que de la primavera. Aún así, al impulso de la vida primaveral han florecido las herbáceas, los lirios, los espinos, los gamones y las orquídeas. 



Sabía que había orquídeas por Andalucía y había visto fotos. A pesar de haber realizado algunas salidas en su búsqueda no conseguí dar con ellas. Sin proponérmelo y habiéndolas olvidado, ellas mismas se manifestaron. Muchas especies distintas de orquídeas florecían por la sierra de Grazalema estos días, cinco especies he identificado de entre las que me fui encontrando. Un espectáculo inesperado que me depararon estos paseos serranos. 


En la península ibérica todas las especies de orquídeas son terrestres (no las hay epífitas, ni trepadoras). Son plantas perennes, pero en la estación no favorable alguna de ellas subsisten de forma subterránea y por eso no son visibles todo el año. Los tallos aéreos crecen verticalmente y terminan en inflorescencia. Las flores son muy características. 



Las semillas de las orquídeas carecen de endosperma o tejido nutritivo, con lo cual para germinar requieren de agentes externos que aporten nutrientes al embrión. Estos agentes externos son hongos. Realmente en cada momento de su vida la planta desarrolla diversas relaciones con diferentes especies de hongos. 



La especie a la que dedico la entrada, la protagonista de este encuentro es
Ophrys speculum. Una planta muy peculiar, con una flor que imita el abdomen de una avispa. El mecanismo de polinización de esta orquídea consiste en lo que podríamos denominar “engaño sexual”. El macho de la avispa Dasyscolia ciliata se siente atraído a la flor que imita el abdomen de la avispa y además desprende las feromonas de la hembra en celo.


Todo un alarde de sincronización, de complicidad entre planta e insecto. Apenas entendemos cómo se han fraguado las complejas relaciones entre los seres que habitan esta tierra. La bella atracción de una flor para un insecto que la hará germinar allende su territorio, creyendo que procrea para sí mismo, para su especie, (quizás había que eliminar el creyendo porque una avispa no cree nada) se convierte en agente de dispersión de otros seres, unos que durante el invierno laten bajo tierra ajenos a la superficie y que ahora, en estos días primaverales, extienden sus tallos sobre la tierra y abren sus flores para realizar una llamada confusa a la avispa que intenta procrear y multiplicarse sobre la tierra.




martes, 21 de febrero de 2023

En las dunas: Cakile maritima Scopoli

“En febrero, las plantas entran en celo; el viento las preña, crecen brotes y, cuando llega el momento, dan a luz flores, hojas y frutos”.

Annie Dilllard, Una temporada en Tinker Creek.




Llevamos casi un mes de levante, días grises de temporal. Las dunas, arena móvil, se desplazan por las playas, invaden carreteras, paseos marítimos, se expanden, creando un nuevo paisaje. 


De pasear por la orilla te llevas arena, sal y el rugido de las olas, el sonido de la espuma blanca, que no es poca cosa.


Paseando por las playas de poniente, al resguardo del vendaval, como los alcatraces, los cormoranes y la mayor parte de las aves marítimas, siguiendo a los seres alados me encontré con estas crucíferas en flor. 


Siempre me han llamado la atención estas flores de tan sólo cuatro pétalos. La variedad de crucíferas es enorme y las florecillas son tan pequeñas y delicadas que su multiplicidad me parece asombrosa.




Cakile maritima Scopoli es el nombre científico de esta herbácea inconfundible. Parece ser que por el norte de la península la llaman “oruga de mar”, pero por estos lares no le he oído ningún nombre vulgar. Así que usaré el científico. 


Sus pequeñas flores tienen cuatro pétalos y cuatro sépalos enfrentados, de ahí la forma de cruz. El fruto es muy característico, es lo que hace inconfundible a la especie. Es una cápsula con una forma característica que ilustro con una imagen porque describirlo se me hace complicado. A este tipo de frutos encapsulados se les llama en botánica silícula.




La especie crece en los arenales marítimos con aporte orgánico y florece todo el año, cada vez que tiene oportunidad. Y en la duna de poniente, resguardada un poco del temporal que azota estas tierras aprovechó para florecer y dar un toque de luz a estos días oscuros. 


Es común por todo el mediterráneo. Pequeñas hierbas que crecen entre la arena móvil a merced de los vientos y la sal. La vida en el temporal. 








domingo, 29 de enero de 2023

Las primeras flores del año: Asphodelus ramosus

 

“Hoy es uno de esos excelentes días de enero parcialmente nublados en los que la luz escoge una inesperada parte del paisaje para adornarla de oro y luego las sombras lo barren. Sabes que estás viva.” Annie Dillard. Una temporada en Tinker Creek


Comienza el año entre nubes, chubascos y días de intenso frío. Pero la Sierra Carbonera ya sabe que se acerca la primavera, como un gigante hibernando, un oso en la cueva, abre los ojos y con un rayo cálido de sol despierta. El tojo abre sus flores amarillas, algunos brezos lucen como pendientes sus flores moradas y en los tallos elevados de los gamones se esbozan las flores, algunas de ellas incluso abren ya ante mi mirada atónita. ¿No es muy pronto? Pero no lo es. El verdecillo canta ya en las ramas de los eucaliptos. 


Es un día muy ventoso, las nubes vienen y van, a tal velocidad que la Sierra se llena de vivos colores y brilla como gritando, los charcos deslumbran, como tan pronto se oscurece y las formas se deshacen y debo adecuar la mirada. A veces tengo que parar para que mis ojos asimilen la transición. 



Por uno de los senderos encuentro las primeras flores del gamón. Este es el nombre común que la planta tiene por estas tierras. El nombre científico es
Asphodelus ramosus. Encuentro en el Atlas Clasificatorio de la Flora de España Peninsular y Balear (Mariano García Rollán) que es mi obra de referencia en cuanto a especies botánicas, que hay cuatro tipos de Asphodelus en la península. Tras mucho mirar las fotos que tomé de la especie me decanto decididamente por ramosus. No hay mucho margen de error. 



Es una planta típica del mediterráneo que florece al principio de la primavera. Estas flores que fotografié son las primeras, todavía hay muchos gamones en la sierra elevando sus tallos sin haber desarrollado sus flores, pero como un prodigio, en estos días finales de enero, algunos despliegan sus características flores blancas marcadas en el centro con una raya marrón. 


El blanco de los pétalos brillaba intensamente y llamó mi atención. De pronto quedó oscurecido por una nube. El cielo transita sobre nuestras cabezas, luz, sombra, brillo, oscuridad, azul, negro, día, noche. El paso del tiempo, franqueamos los años, los segundos, los minutos, las horas, el latido de nuestro corazón.










jueves, 29 de diciembre de 2022

Tras las lluvias: los candiles (Arisarum simorrhinum)


"Me haría feliz ver todos los prados de la tierra dejados en estado salvaje si así comenzara la redención del hombre". Walden, Thoreau.

Tras las copiosas lluvias de principios de diciembre la Sierra Carbonera, toda verde y barro, anuncia su espectáculo de floraciones. Algunos brezos comienzan a abrir sus moradas flores, algunos tojos (Ulex europaeus) comienzan a amarillear, los espárragos trigueros nacen vigorosos y sobre el suelo encharcado sobresalen variadas setas.


En las zonas más sombrías, bajo los arbustos, crecen los candiles (Arisarum simorrhinum). Desde pequeña me encantan. Yo los llamaba antaño frailecillos, pues la flor me recordaba a una capucha de la que usan los monjes. Pero después descubrí que comúnmente se los llama candiles y lo de los frailes no era más que una impresión mía, una asociación íntima, algo surrealista. Los frailes caminando por la umbría bajo gigantes hojas verdes, como duendes, anclados a la tierra, ocultando sus cabezas, sus rostros bajo una amplia capucha. 



Es una planta pequeña. Como las hojas son anchas y las flores crecen bajo, generalmente hace falta levantar las hojas para poder ver los candiles. 


Arisarum simorrhinum es una hierba perenne, es decir está todo el año por la Sierra Carbonera. Tiene rizoma (es decir un tallo subterráneo que crece de forma horizontal emitiendo tallos y raíces de sus yemas) y tubérculo engrosado en el tallo reproductor en donde acumula los nutrientes de reserva para la planta. Así que tiene un importante aparato subterráneo que no vemos y gracias al que perdura todo el año, a pesar de la sequía que por temporadas azota la sierra. 



Lo que vemos en la superficie son sus hojas de un verde intenso y su inflorescencia (pues en realidad el candil no es una flor como tal). El candil se compone de un espádice (un tipo de espiga) con flores masculinas y femeninas que está engrosado en su extremo superior: que sería la cara o la cabeza del fraile que yo veía cuando era niña; y de una espata que es lo que envuelve la inflorescencia, el traje con capucha del fraile. 


Esta planta se puede encontrar por la mitad oeste de la Península Ibérica, el norte de Marruecos, Túnez y Argelia, en Madeira, Canarias y las islas Baleares. 




Era una mañana de viento calmo y tras los días nubosos se abrían claros, el cielo volvía a verse azul, a ratos, anunciando los días soleados que habían de venir a finales de diciembre. Bajo los arbustos las hierbas reverdecen y los candiles, otro símil surrealista, iluminan las sombrías veredas, un toque de luz, rostro oculto del creyente, que habita la oscuridad y le da forma con su claridad a la naturaleza, la hoja, la tierra, la seta, la roca, el caracol. 





domingo, 16 de octubre de 2022

En la umbría: helechos

 “Nuestra época de muda, como la de las aves, debe ser un tiempo de crisis en nuestra vida. El colimbo, por ejemplo, se retira a los lagos solitarios para pasarla. La culebra se arranca la piel y la oruga su agusanada envoltura por medio de un trabajo interno de expansión, y las vestiduras no son más que cutícula externa y cáscara mortal. En caso contrario, nos encontramos con seguridad navegando bajo falso pabellón y seremos degradados con seguridad por nuestra propia opinión y la de la humanidad” 

Walden. H. D. Thoreau



Llega el otoño, la hoja seca a merced del viento, los días cortos, nublados, las primeras lluvias, el musgo y la piedra mojada. Las aves migratorias todavía vienen y van en su anual trasiego. 

Como ser errante, cegado por el verde que surge entre las hojas secas, el verde que crece sobre el paisaje anaranjado, decidí pasear por las montañas. Este es un viaje recurrente, ya hay en el blog otras entradas dedicadas al Parque Nacional de Sierra Nevada, al que accedo desde el pueblo de Trevélez en la Alpujarra granadina.



Por los senderos del río, por la llamada ruta del Horcajo, me encontré con los habitantes de la umbría. Ya en el pasado dediqué una entrada a la lavandera cascadeña que se mueve entre el discurrir sonoro de las aguas del deshielo. Tenía pensado fotografiar al mirlo acuático, que en varias ocasiones había visto brevemente por esta zona. Y nos encontramos, pero fugazmente, tiempo insuficiente como para realizar una foto. 



En la umbría sorprende el verde brillante de los helechos, al borde los arroyos, de las chorreras y las paredes húmedas y pedregosas. Siempre los percibo como dinosaurios, seres de otra época, plantas del pasado, que se reproducen por esporas, supervivientes que han sabido adaptarse a los cambios, han sabido crecer junto a las flores como un milagro. Verde brillante en la umbría, refulgente. La simetría perfecta de sus hojas y sus esporangios repartidos periódicamente por ellas, frente la complejidad de las mil posibles hojas, de estambres y pistilos. 



En estas fechas y como el verano ha sido seco, también perviven hojas amarillas, restos de la sequía, aunque en la umbría predominan los verdes. 



Aunque hay muchos tipos de helechos he tomado las fotos del helecho más común:
Pteridium aquilinum (L.) Kuhn. Una especie que crece en bosques claros, brezales y suelos preferentemente ácidos por casi toda la península ibérica. 



En las tardes de otoño por los senderos del río, entre las sombras proporcionan la nota de color. El brillo verde junto a los húmedos musgos. Con algunas de las fotos que he tomado despido la entrada, espero que puedan transmitir la nota de color para estos días que se acortan y se vuelven sombríos. 


Hay brillo y color hasta en los más profundo.