derrapando por plataformas de piedra
quince kilómetros
nada con lo que hablar salvo helechos
en el agua profunda
el ojo de la trucha
bajo una barrera de piedra
inmóvil
nadie mancillará nunca el agua
los helechos seguirán durmiendo y soñando
nadie encontrará nunca a la trucha
ahí podrá yacer mil años, radiante.
Despertar de una mañana de verano, Mary Oliver
Aunque estamos en otoño sigue haciendo muchísimo calor. Las primeras lluvias se hacen esperar y el sol sigue abrasando los campos que permanecen ocres, hierba seca, sobre la que asoma la floración de la cebolla albarrana y el torvisco.
Paseando por el sendero del río Majaceite, en la sierra de Cádiz, al amparo de las aguas frescas encontré este helecho que hunde sus raíces en el agua y se ancla a las grietas de las rocas, sobre las que discurre la corriente. Tan delicadas sus hojas y tan ligero su porte, ha de hacer frente a las corrientes y sus fluctuaciones.
Adiantum capillus-veneris L. es su nombre científico, conocido vulgarmente como cilantro de pozo o cabello de Venus, extiende sus hojas lobuladas ante la corriente, habitante de zonas sombrías y húmedas, omnipresente en fuentes y pozos, acompañante del discurrir de las aguas.
Habita por toda la península ibérica y más allá. Es una especie que perdura en los cursos de agua, a pesar de la contaminación de nuestros ríos. Pegado a las piedras sigue durmiendo y soñando, verde radiante, por mil años.


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