domingo, 5 de julio de 2026

El tiempo referido: Empusa pennata

 “Tal vez podamos dejarnos conmover por la más poderosa de las suposiciones -hasta la certeza incluso- cuando nos hallamos bajo los pétalos de rosa del sol y oímos el murmullo de una brisa no más intenso que el rumor que emite cuando dormita bajo las alas de la abeja. También eso, sugiero, es tiempo, y digno de referirse”. 

Mary Oliver, Vita Longa

Los días de verano son largos, el sol aparece temprano y se demora en irse. Eso hace que también sean calurosos y que salir a hacer deporte bajo el peso del sol sea agotador. 

Hacía poco viento esa mañana y decidí explorar unos caminos paralelos a la línea de costa, por detrás de los sistemas dunares. En la transición, donde las dunas acaban y empieza la sierra. Hay algunos árboles por ahí plantados, eucaliptos sobre todo, porque esos carriles son usados también dentro de lo posible como caminos de acceso en coche hasta la playa y la sombra de los árboles se usa como zona de parking.

Me pareció que serían caminos un poco más sombríos que los de la sierra, y por ello no estaría expuesta al sol directo en algunos tramos y eso si vas corriendo en estas fechas es algo a tener en cuenta. El sol era cegador porque una ligera bruma marítima brillaba de forma un tanto incómoda. Los pastos y la vegetación dunar estaba principalmente seca y los tonos anaranjados y marrones predominaban en el paisaje: tonos arena, hoja seca, piedra.

Entre tanto secarral encontré siemprevivas en flor (Limonium sinuatum (L.) Mill). Antes por estas tierras había muchas matas. Pero es que hacía años que no transitaba por estos carriles y ni siquiera sé dónde están las matas, ni que ha sido de ellas en tanto tiempo. Encontré dos matas tan sólo, tampoco iba andando sino en un trote que me obligaba en algunos tramos pedregosos a centrar la mirada en exclusiva en el suelo que pisaba. 

A la vuelta, en una de las matas decidí parar a hacer unas fotos de las flores de siempreviva y entonces algo se movió en el visor de la cámara del móvil y me pegué un gran susto, porque era como si una rama hubiera cobrado vida. ¡Y vaya vida! Se trataba de una mantis palo, una Empusa pennata, que medía unos 10 centímetros y que había tomado por un tallo de la mata. 

Se trataba de una hembra en fase adulta. La Empusa pennata en un ser que sufre muchas transformaciones a lo largo de su vida, mostrando aspectos distintos en sus distintas etapas y además hay diferencias entre machos y hembras. Un ser grande, perfectamente camuflado que vive bajo el peso del sol. Como la única planta con tallos ligeramente verdes era la siempreviva pues ahí estaba alojada la inquilina.

En la naturaleza a veces ocurre así, encuentros fugaces con seres distintos, cuyas vidas parecen ajenas, sorpresas bajo el sol, y después seguimos corriendo, nuestros pasos unos delante de otros, por el sendero hacia el coche. No cambia nada esencial de nuestra vida rutinaria, continuamos viviendo igual pero con la vivencia de este encuentro. La mayor parte de nuestra vida discurre así, es un tiempo sin palabras, de observación de hechos, de mirada al mundo, de descubrimiento de lo que se despliega ante nuestros ojos. No son momentos de acción, ni momentos en los que la palabra sirva de nada, sea determinante, sin diálogo externo, pero son tiempo. Y como dice Mary Oliver: tiempo, digno de referirse. 


viernes, 24 de abril de 2026

El valle florece nutrido por el deshielo

 “La naturaleza y el arte son gemelos: ambos son bellos y espantosos y están enamorados del cambio”

Horas de invierno, Mary Oliver



Aprovechando la Semana Santa me adentré en las montañas. Como en otras ocasiones, desde el pueblo de Trevélez en las Alpujarras de Granada, me propuse algunas subidas hacia el Mulhacén y otros montes de alrededor. 


La primavera se abría paso por esas tierras, pero todavía lentamente. La nieve se acumulaba en las cumbres y me cortó el paso en varias rutas. Hacía mucho frío en las alturas. Aunque recorriendo el río, en lo más bajo del valle, las temperaturas eran más acogedoras. 



Fue por esos lares que encontré esta especie de euphorbia en flor y aproveché para una parada de deleite. Las euphorbias me gustan en general, desde siempre, por su agradable perfección geométrica y esta especie en concreto Euphorbia characias L. me encanta. Es una planta común en la montaña, aunque en la Sierra Carbonera, en el Campo de Gibraltar, por donde suelo moverme no la he visto. No es una especie común en estas tierras de frontera y mar. Aunque sí es común verla por zonas aledañas y por ejemplo en la Serranía de Ronda es muy habitual. 



La especie florece entre marzo y julio, así que las fotos son de la primera floración del año. A pesar de ser tan habitual es de una belleza hipnótica por su perfecta simetría. El arbusto que forma es de pequeña altura y las flores no tienen pétalos, por eso puede resultar confusa su identificación como flores. Se presentan en racimos con brácteas individuales en donde se aprecia una glándula marrón oscura que se llama nectario (por contener néctar) y que se aprecia bastante bien en las fotos. 



Como dibujada por un pintor geómetra, es una planta bella a la vez que tóxica y cambiante según la estación del año. Como la naturaleza misma. Se acabaron las vacaciones y las euphorbias quedaron en el valle de Trevélez que florecía nutrido por el deshielo de las cumbres. 



viernes, 6 de marzo de 2026

Rayito de luz de marzo: Allium triquetrum L

 MARZO

¡Rayito de sol de miel, 

que das donde ayer no dabas: 

consuelo fugaz y último,

que entras por el muro del norte

de la cárcel de mi alma!

Juan Ramón Jiménez


Comienza la primavera y sorprende ver los campos florecidos, porque parece crudo invierno. Ha llovido tanto y han sido tan fuertes los vientos que ha sido un desafío peligroso pisar el campo en los primeros meses del año. Desde noviembre del pasado año habré pisado tres veces Sierra Carbonera y la especie que traigo en esta entrada es de la primera visita al Pinar del Rey después de muchos meses. 

El Pinar florece ajeno a los quehaceres humanos limitados a la vida interior de los hogares y los centros de trabajo. El sol, ese rayito de miel que se desgrana poco a poco en la primavera, apenas lo hemos visto. Se suceden aún los días oscuros, grises, azules. 

En mis paseos había setas por doquier, el pinar mojado, goteando, las huellas de la crecida, ramas rotas, árboles tumbados, sacados de raíz generan un paisaje nuevo inundado de margaritas, de calas y de lavandas que se abren por estas fechas. Quería hacer fotos de las calas, pero había una marchita y el resto estaba por abrir. No obstante entre las bulbosas florecía el ajete conocido como lágrimas de la Virgen en algunas zonas. Personalmente nunca lo oí nombrar ni como lágrimas de la Virgen ni de ninguna otra forma. Es una planta humilde, poco vistosa en general, aunque de una gran belleza si nos fijamos en ella. Lo que pasa es que entre las calas queda un poco eclipsada. 

Allium triquetrum L es el nombre científico de la especie. Fue descrita por Linneo (de ahí la L) en el año 1753 y publicada su existencia en la obra Species Plantarum. Florece entre febrero y abril. Crece en lugares sombríos, en este caso entre otras bulbosas en los márgenes del pinar. La inflorescencia contiene numerosas flores blancas acampanadas que cuelgan de forma delicada y los pétalos están atravesados por un nervio verde bastante vistoso. 

Estuve un rato observándola, el sol ni siquiera se adivinaba y la noche, ese muro del norte, acechaba a la salida del pinar. El rayo blanco de la flor del Allium triquetrum quedó en mi memoria mientras me alejaba en el coche. El rayo de luz de la primavera habrá salido, sólo es que no lo he visto.