lunes, 15 de marzo de 2021

Huele a primavera

“Que el mediodía te encuentre en la orilla de otros lagos y allá donde te atrape la noche siéntete como en casa. No hay campos más amplios que éste, ni juego al que merezca más la pena jugar”. Walden. H.D. Thoreau


Florecen los gérguenes por el Estrecho de Gibraltar. Notas de color amarillo en los campos de matorrales costeros, más allá de las dunas y la cálida arena de la playa. Su olor dulce representa por estas tierras el olor a primavera. Como el azahar por las tierras sevillanas.

Las gaviotas sobrevolaban estos caminos. Una perdiz asomaba al perfil de una roca, a contraluz y una curruca cabecinegra cantaba estridentemente entre los arbustos.

Así es el paisaje de Los Portichuelos, hoy una zona en riesgo inminente de desaparición. Se proyecta una subestación eléctrica en estas tierras, aunque el pueblo de La Línea de la Concepción se niegue y lo haya recurrido.

Calicotome villosa es el nombre científico de esta especie. En mi familia siempre los hemos llamado por su nombre común: gérguenes, aunque el “Atlas Clasificatorio de la flora de España peninsular y Balear”, obra de Mariano García Rollán, lo escribe hérguenes con h. Siempre lo he pronunciado con g, ni siquiera con h aspirada, así que lo escribo así: gérguenes.

Se trata de un arbusto muy común por esta zona. Puede llegar a medir hasta dos metros de altura y suele haber muchos juntos. Es muy espinoso lo que lo convierte en impenetrable. Si no hay caminos y se va por campo abierto hay que ir rodeándolo. No es sólo una especie característica del matorral costero, sino que su distribución es mucho más amplia, habitando cualquier terreno pedregoso y estando presente en casi cualquier tipo de matorral.

En las zonas costeras se da un hábitat intermedio que conforme se aleja de la costa se convierte en sotobosque. Es un hábitat de transición que alberga numerosas especies vegetales y animales. Siempre me han encantado este tipo de hábitats en donde no hay árboles. Tan sólo arbustos azotados por el viento, más allá del alcance de las mareas pero al alcance de las brumas marineras. Tierras de arena y roca, pedregales verdes que parecen poca cosa, pero que están muy vivos. No es un bosque, ni la arena seca de la orilla. Es la bella costa intermedia.

En estos días de primavera ya florecen en ella los arbustos. Los brezos, los romeros, las jaras, las retamas, etc. Pero el único olor que predomina es el de los espinosos gérguenes. El año pasado nos perdimos la primavera con el confinamiento, pero este año no hay quien me pare por esos campos del Campo de Gibraltar que hoy habito.