MARZO
¡Rayito de sol de miel,
que das donde ayer no dabas:
consuelo fugaz y último,
que entras por el muro del norte
de la cárcel de mi alma!
Juan Ramón Jiménez
Comienza la primavera y sorprende ver los campos florecidos, porque parece crudo invierno. Ha llovido tanto y han sido tan fuertes los vientos que ha sido un desafío peligroso pisar el campo en los primeros meses del año. Desde noviembre del pasado año habré pisado tres veces Sierra Carbonera y la especie que traigo en esta entrada es de la primera visita al Pinar del Rey después de muchos meses.
El Pinar florece ajeno a los quehaceres humanos limitados a la vida interior de los hogares y los centros de trabajo. El sol, ese rayito de miel que se desgrana poco a poco en la primavera, apenas lo hemos visto. Se suceden aún los días oscuros, grises, azules.
En mis paseos había setas por doquier, el pinar mojado, goteando, las huellas de la crecida, ramas rotas, árboles tumbados, sacados de raíz generan un paisaje nuevo inundado de margaritas, de calas y de lavandas que se abren por estas fechas. Quería hacer fotos de las calas, pero había una marchita y el resto estaba por abrir. No obstante entre las bulbosas florecía el ajete conocido como lágrimas de la Virgen en algunas zonas. Personalmente nunca lo oí nombrar ni como lágrimas de la Virgen ni de ninguna otra forma. Es una planta humilde, poco vistosa en general, aunque de una gran belleza si nos fijamos en ella. Lo que pasa es que entre las calas queda un poco eclipsada.
Allium triquetrum L es el nombre científico de la especie. Fue descrita por Linneo (de ahí la L) en el año 1753 y publicada su existencia en la obra Species Plantarum. Florece entre febrero y abril. Crece en lugares sombríos, en este caso entre otras bulbosas en los márgenes del pinar. La inflorescencia contiene numerosas flores blancas acampanadas que cuelgan de forma delicada y los pétalos están atravesados por un nervio verde bastante vistoso.
Estuve un rato observándola, el sol ni siquiera se adivinaba y la noche, ese muro del norte, acechaba a la salida del pinar. El rayo blanco de la flor del Allium triquetrum quedó en mi memoria mientras me alejaba en el coche. El rayo de luz de la primavera habrá salido, sólo es que no lo he visto.
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