No está tan lejos como dicen las autopistas.
Podría estar de vuelta al anochecer, habiendo visto
los pinos duros, y las piedras, y el agua cristalina.
Los amigos dicen que podría volverme así más sabia.
No oyen ese distante susurro yanki:
¡qué insulsos nos volvemos yendo de un lugar para otro!
Muchos han ido y me creen medio loca
por perder un día en el frío campo.
Quizás. Pero en un libro que leo y aprecio,
ir a Walden no es algo tan fácil
como una visita natural. Es el lento y difícil
ardid de vivir, y hallarlo allá donde estés.
Devociones, Mary Oliver
Subir Sierra Carbonera en agosto es tarea ardua. Me desperté temprano y hacía un levante espeso, con nube de taró. Al estar la mañana tan entoldada pensé que sería un buen momento para subir al encuentro de la sierra que tantos meses llevo ya sin pisar. Y es que el verano llegó pronto y la ausencia de sombras la hace difícil de visitar bajo el peso del sol en los días del verano.
Este año pasó de ser un barrizal a no poderse subir por el sol abrasador. La cosecha de espárragos trigueros fue espectacular pero había que meterse en barro hasta las rodillas en algunas zonas. Creo que nunca estuvo tan verde y mojada nuestra sierra. Pero los días calurosos llegaron pronto y comenzó a ser complicada la subida.
Así que esta es la primera entrada del año dedicada a los seres de la sierra. Siempre me llama la atención la poderosa capacidad de adaptación de las plantas que la habitan. Una vegetación de matorral bajo azotado por el viento, por las fuertes tormentas y lluvias del invierno, y después por el sol que todo lo seca en los meses de verano.
Está llena de seres que se adaptan para perdurar a los extremos cambiantes del clima. Cuando subía se despejó la nube de taró y se paró el viento por completo. El calor era agobiante y me exprimía, el líquido del que estoy hecha se me escapaba por los poros, como si me derritiera, me iba deshaciendo en gotas de sudor por la sierra.
Los palmitos con sus frutos, no daban suficiente sombra, no cogen altura, debido a los fuertes vientos marinos crecen bajos y achaparrados. No había sombra bajo la que refugiarse, así que aligeré el paso para salir de allí cuanto antes. Quedaba algún jaguarzo blanco en flor y lo más llamativo entre los matas secas eran las flores dispersas y en gran cantidad de cardo abejero, Carlina racemosa L.
Las matas se veían completamente secas pero las flores estaban en flor, abiertas con sus pétalos amarillos desafiando el brillo del sol. Es un tipo de cardo bajito, que no desarrolla mucha altura (hasta 29 cm), espinoso, que florece por esta zona mediterránea entre junio y noviembre.
En estos días calurosos abre sus flores de forma masiva por Sierra Carbonera, ahora que no sube casi nadie y a pesar de la canícula y de la falta de agua. Subí la sierra y encontré un poco de Walden, lo respiré, hice unas fotos y salí corriendo de allí temiendo quedarme para siempre, primero como charco de sudor, y después por evaporación como pequeña nube informe.


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