jueves, 9 de abril de 2015

Habitando la noche: Athene noctua

El mochuelo europeo habita la noche. Casi todas las tardes, al ocaso, puedo oírlos por Utrera. A veces, incluso, puedo verlos: una sombra en la antena, en algún tejado. Pero nunca tan de cerca, nunca en el campo y a plena luz del día.


Es curioso, pero los mochuelos, a pesar de ser rapaces nocturnas, tienen hábitos parcialmente diurnos, por lo cual no es tan raro verlos de día. Aunque esta sea mi primera vez. Tampoco se alimentan únicamente de vertebrados sino que presentan una dieta variada en la que están muy presentes insectos como grillos, escarabajos, saltamontes y también otros invertebrados como las lombrices. En realidad como otras rapaces nocturnas ven perfectamente durante el día, aunque también en la noche.


Es un ave típica del Mediterráneo, pero está presente más allá: en Asia. Hasta China y Corea se distribuye esta especie. La población española es una de las más numerosas de Europa. Sus hábitos son sedentarios. Los jóvenes no suelen asentarse a más de 30 kilómetros del lugar en el que nacieron. El hábitat que presenta Utrera es de sus preferidos, por eso hay tantos por aquí y las noches están pobladas por sus cantos, como maullidos, a veces demasiado altos como para no despertar a los humanos diurnos. Más de una noche de verano, cuando duermo con las ventanas abiertas para que el aire de los campos refresque la habitación, me han despertado con su canto nocturno.

Como decía, Utrera presenta un paisaje agrícola no muy homogéneo y cambiante según las estaciones. Olivares, campos de trigo y girasoles, maizales, algodonales, etc. Es el hábitat ideal para el mochuelo, con campos abiertos, llanos interminables, sin altitud y mucho calor en los días de verano.


Este ejemplar al que conseguí fotografiar por la mañana, estaba posado en el suelo, perfectamente camuflado, pues no lo vi hasta que comenzó a volar. Pasaba yo en mi bicicleta. Se posó en un árbol cercano y allí en la rama también era difícil de distinguir del tronco, pues su plumaje se camufla de forma perfecta. Pude observar sus penetrantes ojos amarillos que me observaron con detenimiento el suficiente tiempo como para ilustrar esta entrada.

 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Poblando las charcas



Llega la primavera y con sus aguas fugaces purifica el ambiente. Las espigas de trigo se estiran verdes hacia el cielo y los cantos de las aves veraneantes inundan el aire.

Tras varios días de nieblas y efímeras lluvias, los campos de Utrera se llenaron de charcas y pronto acudieron a ella distintos pobladores.


Un morito común se alimentaba de insectos en una de ellas, cerca de una cigüeñuela que no paraba de hacer movimientos violentos, agitando la cabeza y emitiendo sonoros reclamos, al parecer molesta por el descaro del morito. Mientras tanto una paloma doméstica aprovechaba para cazar por otro lado de la charca. La cigüeñuela comenzó a hacer breves vuelos para espantarnos a todos, incluido a mí, que desde mi bicicleta, cerca de charca, fotografiaba la escena. Al final el morito tuvo que irse y la paloma también. La cigüeñuela quedó sola, dueña y señora de la charca.




El morito común (Plegadis falcinellus) es uno de los Ibis que puebla Europa. Por Utrera está ahora de paso, los veo muchos días al atardecer. Pasan volando bajo, en grupos de 7 a 10, volviendo quizás al lugar en donde pasan la noche y del que salen al amanecer. En los días de lluvia pueden verse grupos grandes por la zona del Torbiscal. Pero ni crían ni residen por estos lares. Sólo se aprovechan de la bonanza y el derroche primaveral. 



Es un ave zancuda, con el pico curvo que lo hace inconfundible y que nos recuerda a ese dios que los Egipcios llamaron Thot. Es de un color negro brillante. Depende de cómo le incida el sol se ve negro, azul, verde o rojizo. Estuvo un rato dedicado a la limpieza de sus plumas, indiferente a los reclamos de la cigüeñuela, pero luego, cuando esta comenzó con los vuelos rasantes abandonó la charca.


La cigüeñuela común (Himantopus himantopus) es un ave de extraordinaria belleza, estilizada, blanca y negra, con las patas rojas y el pico muy fino. Es una limícola muy común y bastante ruidosa como pude comprobar. La población ibérica es principalmente estival, por lo que este ejemplar probablemente estuviera en su paso migratorio pre-nupcial. 



Después de haber tomado estas fotos y habiendo quedado solo la cigüeñuela tras la ruidosa trifulca, decidí dejarla tranquila en su pesca de invertebrados varios en la fugaz charca de la primavera.



lunes, 16 de febrero de 2015

Lirios de invierno: azules de la tierra al cielo



Cuando el frío arrecia florece el lirio.


En estos días, en mis paseos en bicicleta, me asombró ver tan maravillosas plantas por los campos utreranos.


El lirio de invierno (Iris planifolia) es una planta perenne, de tipo bulbosa, bajita, de unos quince centímetros de altura, sin tallo, con las hojas largas y planas. No me había fijado en estas plantas porque son discretas y no resaltan en la vegetación. Al menos, no lo hacían, hasta que de pronto, en el inhóspito invierno florecieron y entonces sus flores llamativas fascinaron mi atención.


Las flores son de un azul intenso como el cielo, bastante grandes en comparación con el tamaño de la planta. Nacen directamente, junto con las hojas, de los bulbos. 


Sorprende la fortaleza de los pétalos que resiste las escarchas, los fuertes vientos y en general las inclemencias del tiempo. 
Habitan buena parte de los países mediterráneos y florecen en la estación invernal. 


Con ellas inauguro la entrada de las plantas a este blog. Porque son muchos los seres que habitan nuestros paisajes y debemos ir profundizándolos poco a poco. Desde lo más cotidiano y llamativo, a lo más sencillo y discreto. Desde lo superficial a lo profundo. 





lunes, 9 de febrero de 2015

Perdices en la niebla


La niebla ocupa Utrera, un manto de partículas de agua atraviesa cada superficie, invade los recovecos. Nada escapa de la niebla. Con su misterio fugaz nos hace pensar en lo efímero de las superficies, en lo endeble de las formas, y si vamos allá, en el fino hilo del que pende lo Real. Así es la niebla: reflexiva.


Con un cien por cien de humedad, me levanté con ganas de perderme en el vapor de agua. Así salí en mi bicicleta y anduve por el carril de arena, entre los campos de trigo. Descubrí que las aves, al igual que nosotros, no ven con claridad entre la niebla. Se quedaban posadas en los arbustos, quietas, a la espera de que la niebla pasara. Podía acercarme mucho a ellas. Parecían no verme.




Un gran número de perdices rojas se alimentaba en el trigal ajenas a mi cámara de fotos. La niebla comenzaba a clarear y la luz empezaba a aportar rotundidad a las formas.


La perdiz roja (Alectoris rufa) es un ave de tamaño medio, de forma rechoncha, fácil de ver. No son muy buenas volando, por lo que son rápidas corriendo. Dicen que un tío mío corría muy rápido, tanto que cazaba las perdices correteándolas, hasta cogerlas con las manos.

El canto que emiten es muy característico, ruidosos cloqueos cortos, que me recuerdan a un rap. Entre ellas no hay diferencias sexuales, así a simple vista. Es decir los machos son aparentemente iguales que las hembras. Tampoco son aves migratorias. Habitan siempre las mismas tierras. Y van en grandes grupos.


La población de perdices de Andalucía se encuentra en regresión. Esto se debe a la intensificación de los medios agrícolas en los que vive y a la inadecuada gestión cinegética.


A pesar de ello, este grupo de perdices rojas, ajena a mi cercanía entre la niebla, se alimentaba despreocupadamente y me proporcionó las magníficas imágenes con las que ilustro esta entrada.