lunes, 21 de marzo de 2016

Las charcas de la primavera



Abren las flores en esta estación lluviosa. Verdean los campos. Los mosquitos, las mariposas y un sinfín de insectos acaban de nacer. Revolotean por doquier. 


En estos días de marzo, al olor del azahar, han acudido numeras aves veraneantes. Pasarán aquí unos meses entre los calores veraniegos, el sol taladrante y los campos secos. 


Cayeron ya las primeras lluvias y tras ellas quedaron multitud de charcas. No hizo falta que saliera en bicicleta. Simplemente, cámara en mano, di un paseo. Estas son algunas de las imágenes que tomé. 


Aviones y golondrinas se apresuraban, antes de que las charcas quedaran secas, en recoger todo el barro posible para la construcción de sus nidos. Muchas aves acumulándose en torno a pequeñas charcas, de escasos centímetros, todas, juntas, especies distintas, pero juntas, unidas en un mismo afán: acarrear el preciado barro, el elemento básico de sus nidos; aves alfareras, venidas de lejos, desde el áfrica subsahariana a esta primavera.



Varios tipos de golondrinas residen por Utrera, las comunes (Hirundo rustica) son las que he fotografiado. Llegaron hace ya bastante tiempo, a finales de enero y habitan en el pueblo de Utrera aprovechando las construcciones humanas. Las golondrinas dáuricas (Cecropis daurica) también visitan estas tierras, pero aún no las he visto, suelen llegar más tarde y nunca anidan en las zonas urbanas. Son más campestres. 



Los aviones comunes (Delichon urbicum) de un tamaño un poco menor que las golondrinas, son negroazulados por arriba y blancos por abajo. En vuelo el obispillo blanco los caracteriza. Son los más numerosos. La población española quizás sea la mayor de Europa. Y de hecho, en las charcas su presencia era mayoritaria.


Mientras realizaba las fotos, una cigüeña blanca, aprovechaba también el momento, para aprovisionar su nido y recogía ramas del suelo. 



Y por si fuera poco, otra ave veraneante apareció por allí. Se trataba de un alcaudón común (Lanius senator), especie que está en cierto declive en los últimos años y que es muy característica del Mediterráneo. Se posó unos momentos en un eucalipto y fue suficiente para ilustrar esta entrada. 



Seguí caminando, cámara en mano, más allá de las charcas. Tomé así, algunas otras fotografías de los paisajes que por estos días pueden encontrarse en los campos utreranos. Me hallé capturando paisajes, recortándolos y reduciéndolos a mi objetivo. Y me hallé reconociendo la imposibilidad de su reproducción. Tendrán que consolarse con la reducción de mi mirada. 


Mi mirada sobre los campos de trigo verde, que ya pronto se volverán amarillos, secos, con esa textura tan atractiva que sólo el trigo puede aportar a un paisaje. Pero todavía verdea. Y así, verdes aún, intenté capturar el inacaparable brillo del trigal y más allá, el contraste del verde con los campos amarillos de colza. 


Andando un poco más, encontré algo que no es muy común (al menos es la primera vez que veo este cultivo). Se trata de los campos de altramuces (Lupinus albus). Son de una belleza espectacular, con una floración ramificada muy densa y hojas estrelladas. Fueron para mí una novedad. 



Con tan enorme variedad de especies animales y vegetales, imposible me era ser concreta. Así es la primavera, así la multiplicidad. Hay que verla. Serla. Nada más. 


jueves, 25 de febrero de 2016

El canto de la primavera: jilgueros (Carduelis carduelis)



Una de las aves más emblemáticas de Andalucía inunda estos días, con su canto, los carriles de arena. Se extiende más allá, a los trigales, a los olivares. Posado en los cardos secos, en los arbustos, en los charcos que se han formado tras los días de lluvia. Por todas partes, ahí están, los jilgueros.


Comienza el cortejo en estos primeros días de la primavera y su canto se hace más potente, más presente por los campos de Utrera.


Los jilgueros se distinguen con facilidad de otros Passeriformes. Sus colores son tan vistosos que hasta en vuelo pueden identificarse sin dificultad. En la cabeza tienen manchas blancas y negras enmarcando una brillante careta roja. Dos amplias bandas alares amarillas resaltan entre tonos negros de sus alas  y hacen a esta ave aún más hermosa.


La especie habita todo el Mediterráneo y se extiende más allá por Asia hasta Mongolia. Por el sur está presente en  buena parte del norte de África y también se extiende hacia el norte por la mayor parte de los países de Europa.


En la península Ibérica hay poblaciones sendentarias y migradoras. Los jilgueros que emigran cruzan el mediterráneo y pasan el invierno en el norte de África.


Vive en hábitats muy variados, sobre todo campestres, aunque también en pueblos y ciudades. No se caracteriza por ser un ave urbana, pero por ejemplo, en la ciudad de Sevilla pueden oírse cantar por las avenidas arboladas (entre las jacarandas) y también está presente en numerosos jardines y parques urbanos. Por estas tierras resiste las altas temperaturas sin problemas.


En cuanto a su alimentación es un ave granívora y suele vivir en grupos más o menos grandes. Las bandadas del final del verano son las más vistosas, pues en ella se reagrupan todas las aves jóvenes que han sido criadas a largo de los cálidos días veraniegos. Pero para eso todavía queda mucho. En estos días comienza el cortejo y su potente canto se oye por todas partes. Las imágenes que he tomado nos muestran a diversos ejemplares que revoloteaban por el carril del arena, cerca de un trigal que lucía el brillante verde de estos días claroscuros (de nubes por las que se cuela un rayo de sol). 


martes, 26 de enero de 2016

Cigüeña negra: el vuelo esquivo



Existen pocas aves tan difíciles de ver en la península ibérica como la cigüeña negra (Ciconia nigra). Nidifican en la más absoluta soledad, lo más lejos posible de la presencia humana, raramente se la escucha y no suele volar en grupos numerosos. 


Nuestra protagonista de la entrada viajaba sola, en los días fríos de enero, que a decir verdad, no eran muy fríos. Prueba de ello es que las golondrinas sobrevuelan ya, en tan tempranas fechas, los campanarios de Utrera y las salamanquesas cazan insectos en mi patio. Hasta he visto un grillo.


Para mí, comenzar el año con tan majestuosa ave es un privilegio. Desconozco qué hacía por estas tierras. Era una mañana cálida y el trigo brillaba verde en los campos. Daba un paseo en bicicleta cuando me pasó volando. De momento no le presté mucha atención pensando que era una cigüeña común, que ahora son muy numerosas en el pueblo y están arreglando ya los nidos para la primavera. Pero cuando la observé con detenimiento me di cuenta de que era una cigüeña negra. La primera que veo en mi vida. 



Se posó unos minutos en el trigal y por ello tuve tiempo para sacar la cámara. Pronto retomó el vuelo y poco a poco su silueta se fue perdiendo en el horizonte. Bastó con eso para ilustrar este reportaje. Las imágenes están tomadas sin mucho encuadre, con el modo automático, no tenía mucho tiempo y sin trípode, a pulso. Como casi todas las fotografías de este blog. Se trata de fotos de naturaleza al natural, los seres vivos en su entorno, con la luz del día, sin retoques, sin artificio. Me parece que en esta naturalidad al retratar el mundo se halla una enorme belleza. Por eso no les hago retoques a mis fotos, ni recorto en exceso las aves para que se pueda ver dónde están posadas, el entorno que habitan, del que forman parte y del que separarlas es ya una ficción. 



Las cigüeñas negras son aves zancudas, de largas patas y pico rojo. Se distinguen de las cigüeñas blancas en el color, pues son negras casi completamente, salvo por el vientre que es blanco. Son poco numerosas. En España hay una población de 400 parejas reproductoras, según los datos de SEO/Birdlife. En su alimentación es un tanto peculiar, se basa en la pesca de peces, pero complementándola con insectos, anfibios, reptiles, crustáceos e incluso pollos de pájaros. Suelen nidificar lejos de la presencia humana en rocas o en las copas de árboles como el pino o el alcornoque. 


Se enfrenta a amenazas como la presión urbanística, la contaminación de las aguas, los tendidos eléctricos entre otras. Todas estas amenazas, sumándolas al bajo número de aves de esta especie la ha llevado a ser incluida en el Libro Rojo de las aves de España con la categoría de “vulnerable” y en el Catálogo Nacional de Especies Amenazas como “en peligro de extinción”.


Me pareció increíble ver tan cerca a tan maravilloso animal. Si algo he aprendido es que cuando se sale al campo nunca se sabe lo que vamos a encontrar. Puede que tengamos pensado ver a una especie en concreto y que luego, aunque veamos a la tal especie, nuestra atención haya sido captada por la sorpresa de otra especie. La naturaleza siempre tiene la capacidad de sorprendernos o siempre tenemos la capacidad de sorprendernos ante la naturaleza.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Algarabía otoñal: gorriones morunos



Llegan los días frescos, las primeras lluvias, los cúmulos nubosos y los vientos fuertes que anuncian la cercanía del invierno. Los últimos algodonales se secan en los campos y las aceitunas que quedan en los olivares, maduras y negras comienzan a caer. 


En estas semanas los campos han quedado embarrados y recorrerlos en bicicleta se convierte en algo complicado, el paseo se vuelve pesado, cansado, hay que afanarse. No obstante pronto vemos que el esfuerzo merece la pena. 


Nuevas aves han venido a poblar estas tierras utreranas y el silencio de los últimos días del verano ha sido sustituido por la algarabía otoñal. 

Bandadas de gorriones morunos (Passer hispaniolensis) gritan ocupando los árboles del carril de arena. También se los oye más allá, entre los olivos. Su canto es muy parecido al del gorrión común pero sus bandadas son inconfundibles por estos campos. También tienen el mismo tamaño de los gorriones comunes, pero los diferencia el plumaje, sobre todo el de los machos.

Conseguí fotografiar a un numeroso grupo que despreocupado vociferaba en un árbol de la linde del carril. A su sombra paré a descansar y realicé el reportaje que acompaña esta entrada.

Entre las imágenes, destaco la siguiente que es muy ilustrativa para distinguir a esta especie. Muestra a un macho y a una hembra, con sus diferentes plumajes. 


Las hembras, como vemos, son muy parecidas a las del gorrión común, las diferencia un tenue listado en el pecho.


En cambio, los machos tienen el píleo rojo, las mejillas blancas, el dorso, el pecho y los flancos negros. Todas ellas diferencias claves con respecto al gorrión común. También tienen un antifaz negro en los ojos enmarcado por unas cejas blancas, a veces, partidas en dos.


Estas aves residen por todo el mediterráneo, aunque en Francia y la península italiana no están presentes. Pero además se extienden más allá por oriente próximo y las zonas centrales de Asia. Por ello hay diversas subespecies. La subespecie hispaniolenses es la que habita estas tierras.

Al parecer por la península ibérica realizan migraciones parciales de corto recorrido. La población de gorriones morunos en España muestra una tendencia expansiva e incluso en algunas zonas de cultivos se las considera una plaga. Esto es porque en cuanto a la alimentación son granívoros, aunque en la época de cría se alimentan de insectos.


Mientras los días se vuelven cada vez más cortos, a pesar del barro del camino, la algarabía de los gorriones morunos tiñe el otoño de la potencia de la vida. Con estos maravillosos seres y con los paisajes que habitan doy por acabada esta entrada.